
En la foto, del acto de entrega del Premio WOP Mendi Film 2018 junto a Aitor Elduaien y Juanjo San Sebastián, aparecen Juan Sáenz de Buruaga y Jon Mancisidor. Ellos fueron los artífices de todo el apoyo que BBK brindó al montañismo en Bizkaia. Desde la Marcha al Pagasarri, pasando por los patrocinios a diferentes proyectos de alpinismo expedicionario, especialmente los de Félix Y Alberto Iñurrategi, hasta las primeras “Semanas de Montaña BBK” que precedieron a lo que después se convirtió en Kutxabank Bilbao Bizkaia Mendifilm Festival.
Las “txundaratas” de los viernes y San Elías Jubileo
(Por Juanjo San Sebastián)
Es frecuente escuchar halagos a la muerte de alguien cercano, destacar sus luces, como suele decirse. Sin embargo, y en aras de la objetividad, voy a atreverme a hablar de algo que pocos se atreverían: las sombras de Jon Mancisidor.
Lo digo con profundo conocimiento de causa, ya que Jon fue mi jefe durante largos años, cuando él dirigía el departamento de Imagen, Comunicación y Relaciones Externas de BBK. En aquella época, Jon dirigía también la Obra Social. Eran dos departamentos ubicados en espacios físicos diferentes y con funciones muy diversas. Entre ellos y también cada uno entre sí. Quienes compartimos aquellos espacios abordábamos tareas distintas, de manera que la conexión personal entre compañeros no era necesaria así que ¿Por qué íbamos a tener relación entre nosotros, si no hacía falta para ninguna cuestión de carácter laboral? Jon fue siempre un jefe autoritario hasta el punto de que, aprovechándose de su cargo de subdirector general, nos impuso una norma: los viernes, todos los viernes sin excepción, salvo los festivos, habría “txundarata”. Esto es: todos los viernes, obligatoriamente, terminaba la jornada laboral a las 13:30, una hora antes del horario oficial, y todo el mundo debía presentarse puntual (solía ser en mi mesa) a dar cuenta de una variedad de productos no financieros: jamón, queso, cacahuetes (de López Oleaga, ojo), tortillas… y, a pesar de que el presidente que vino después, Mario Fernández, fuera un entusiasta de ella, no recuerdo que se admitiera Coca-Cola como bebida. Era tal el ambiente de imposición, que muy pocos se atrevieron, excepcionalmente, a incumplir aquella orden arbitraria. El resultado de aquel ambiente laboral opresivo lo notaban, proveedores, clientes y compañeros de otros departamentos, cuando nos visitaban en la cuarta planta. Su comentario, cargado de envidia, solía ser común: “oye, en esta planta estáis todos locos ¿No?”
El sumun de aquellas tensiones tuvo lugar a finales de 2007, cuando teníamos la mirada puesta en el nuevo año, ya próximo. En todo Bizkaia, el calendario de BBK era un referente y una fecha esperada por clientes y amigos. Su reparto, que se hacía siempre el 21 de diciembre, día de Santo Tomás, era todo un acontecimiento. Su elaboración era compleja ya que, además de elegir entre muchas y buenas candidaturas las imágenes que ilustraban los meses, había que definir con precisión las fiestas, provinciales y locales que aparecían con distintos colores: negro, los días laborales, rojo los festivos de ámbito general, gris las fiestas locales… el responsable de todo aquello era nuestro compañero Elías, que solía dejar todo listo para primeros de noviembre. Entonces fue cuando sucedió: con el único fin de aterrorizar a nuestro compañero, Jon Mancisidor había urdido un cruel plan, lo digo con vergüenza colectiva, al que ninguno de nosotros tuvo el coraje de enfrentarse: “casualmente” llegó Víctor, de Paradox, nuestra principal agencia de publicidad, con la muestra del calendario “que ya había sido enviado a imprenta”. Hay que decir que aquella muestra había sido clandestina y eficazmente sustituida… “casualmente”, Jon merodeaba por los alrededores de la mesa de Elías y, “casualmente”, buena parte de los compañeros del departamento también estábamos cerca. “Elías, ¿Cómo va el calendario”, preguntó Jon inquisitivamente, “¿Puedes enseñarme la muestra?” “¡Está todo bien y no, no puedo enseñarte la muestra, que ahora estoy a otras cosas!”, cortó Elías. Atribuimos la firmeza de Elías, y su valor, hablándole así al jefe, a su ya muy próxima jubilación “claro, por eso éste se atreve a hablarle así…”. Mancisidor insistía con inusitada paciencia en ver la muestra del calendario y Elías, cada vez más vehemente “Que me dejes, coño, que estoy a otras cosas…”. Cuando, finalmente, al pobre Elías no le quedó otro remedio que abrir el calendario observó, horrorizado, que todos los días del mes de julio aparecían en rojo. Su cara era un poema, sus expresiones, irreproducibles. Así aparecía también junio, y mayo… “Joder, joder, joder, jodeeeeerrrr ¡Está todo en rojo!” Elías no sabía ni hacia dónde mirar, mientras Jon, con sorprendente tranquilidad, como si no importara, le decía, “Elías, ¿Pero desde cuándo, desde cuándo están los días en rojo?” Así aparecían abril, y marzo… ”¡Jodeeer, jodeeeer!” Y Jon: “Pero, Elías ¿Desde cuándo está todo en rojo?” Y febrero‚ ¿Y enero? En enero todo estaba bien… hasta el 18. Ni siquiera entonces ninguno de nosotros fue capaz de alzar la voz (solo sonoras carcajadas) en defensa de nuestro compañero, aunque seguramente más de uno llegamos a pensar que semejantes momentos de angustia no se le pueden desear ni al peor enemigo. El 18 de enero era el cumpleaños de Elías y, al pie del número, donde entonces aparecía el nombre del santo cuya festividad se celebraba, un breve texto decía “San Elías Jubileo”.
“¡Eres un traidor!” Ese mensaje le envié cuando fue el único en no presentarse, para su pesar, a la comida que él había convocado. Aquella que ya no pudo ser la última.
Las sombras de Jon fueron muchas más. Estas son, simplemente, algunas de las que han venido a mi memoria, donde siempre estará la suya.




















